VICTOR GINESTA ENTREVISTA A DON THE TIGER

El debut de Adrián de Alfonso como Don the Tiger es uno de los lanzamientos más singulares de la temporada. A pesar de que aún no había escuchado el disco, el pasado mes de marzo le mandé estas preguntas en las que intento abordar un repaso a su carrera y a las circunstancias que han rodeado la edición de su último trabajo. Dos motivos me empujaron a hacerlo: el haber sido testigo de su  granada trayectoria, siempre a caballo entre las catacumbas y el circuito de canapés, y el haberle visto un montón de veces interpretando en directo las canciones de “Varadero” (Canada, 2013).

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DTT buscándose a sí mismo. Por Borxa Vilas

Para resumir su carrera, nada mejor que revisar un viejo aserto de Friedrich Hölderlin y permutarlo a nuestro gusto: cualquier intento de Adrián de Alfonso de traer el cielo con sus grupos ha acabado desembocando en un infierno. Y es que la música de todos sus proyectos siempre ha sido un ir y venir de golpes, rijosidades y ocasionales suspiros exhalando acariciadoras y desconcertantes brumas; intensos choques de Maseratis, feedbacks de lijoso acabado y elegantes sombreros blancos. En este sentido, una vez escuchado el disco, “Varadero” se revela como la última piedra que consuma el edificio: un disco lúgubre y fantasmagórico, cuya turbia belleza despierta jadeos y miradas incómodas en el oyente, que ve como se esculpe en sus entrañas un tembloroso monolito caballeresco cuya arrebatada figura se derrumba ante un ventanal tropical y posindustrial.

Como indica en la entrevista, su entusiasta capacidad de decir “sí a todo” y su tormentoso matrimonio con la imprevisibilidad son las uñas, afiladas a lo Gail Devers, con las que acaba escribiendo a sangre el relato de un disco que tiene la palabra PELIGRO enquistada en sus dientes. Un trabajo cuyas puertas nos descubren un enlace entre formas y tradiciones de raro maridaje en el que la incapacidad de disociación entre belleza y fealdad es la medida de todas las cosas: las raíces latinas crecen entre óxido fabril, mientras que la intuición, las emociones y el error doman y tumban a la racionalidad. Todo perfecto, todo genial: los mejores y más certeros golpes y flechazos son siempre aquellos más inesperados.

Bajo un mar de ondulante sonido expresionista, “Varadero” se descubre como un avizor enclave de música abierta: ¿cómo sino hablar de las luces que la melodramática “Soportales de la Chinata” ha dejado abiertas en la habitación? Esa canción consigue acoger tiernamente bajo su manto a Roberto Goyeneche, Tom Waits, Luigi Nono y Tuxedomoon para después acurrucarlos con pasmosa naturalidad. De todos modos, lo más impactante del disco es su capacidad de aunar unos arreglos y formas braqueianas con unas ajustadas composiciones de raigambre clásica; en última instancia estamos ante unas canciones que, más allá de su trabajadísima coraza, consiguen apuñalar el alma. Y es que aunque el disco sea un camino de espinas y puertas corredizas, es el virulento y fogoso alcance de su humana marea el que nos conduce una y otra vez hacia el mismo destino: un sombrío puerto situado en una bahía de luminosa y cálida bienvenida.

¿Qué es para ti Varadero?

Varadero es el lugar al que los barcos van a parar cuando están hechos una mierda. Los boxes de la navegación. Algunos pasan por allí varias veces, otros sólo una.

¿Varadero refleja el lugar en el que está hoy Adrián de Alfonso? ¿O hablamos de la crónica de un pasado?

Espero no seguir en ese punto, aunque tampoco creo que haya sido capaz de abandonarlo del todo… La verdad es que los últimos meses los he pasado bastante inerte, mezclándome con muy poca gente y hablando menos que cero. Hubo momentos en los que llegué a olvidar que tenía amigos, algo que si me lo explican antes nunca hubiera creído. El panorama va mejorando poco a poco, pero sé que todavía estoy metido de lleno en una transición, y eso nunca es fácil. En el fondo estoy intentando retomar las fuerzas que perdí en otra ciudad y centrarme en la música de una manera más madura, aunque seguramente esté yendo demasiado lejos enrocándome de esta manera en mi habitación.

Sea como sea, mi varadero empezó a coger forma en el momento en el que me trasladé a un barrio poco céntrico de una ciudad que desconocía completamente. En Berlin pasé a ser totalmente anónimo, lo que me dio una tranquilidad que no tenía desde hacía años. La cosa adquirió sentido total cuando decidí ponerme en serio con un disco al que un sello potente se comprometió a dar apoyo. Y en eso estamos.

“Varadero” no es una crónica del pasado. Ni tan siquiera diría que son apuntes del presente. Hablo de cosas que se llevan en la mirada, cosas que no son asociables a ningún tiempo concreto, pero sí a toda una vida. Sí que es verdad que el disco concentra todos los Adrianes que he ido desperdigando en diversos proyectos durante estos últimos años, pero eso no significa que esté haciendo inventario o repaso de nada.

Sin haber escuchado “Varadero”, me vienen a la cabeza ciertas ideas de traslación hacia algunos fascinantes derroteros: una cosmología que incluye, por estética y espíritu, a los primeros Gallon Drunk, el Nick Cave de los 80 o a Gun Club pero también a Yma Sumac, Marc Almond, Matt Elliott, Toña la Negra, Connan Mockasin o el “Death of a Ladies Man” de Leonard Cohen –una de las fotos promocionales ha disparado a mi cabeza esa portada-… ¿Cuánto de todo ello hay? Me da la sensación que ya llevabas tiempo viviendo en esa estética, incluso en el último e infravalorado álbum de Veracruz.

Aun no habiendo escuchado “Varadero” tu pregunta es una especie de respuesta, así que poco puedo añadir a lo que apuntas. Además, tú y yo seguimos trayectorias similares como oyentes, por lo que nuestra visión de cualquier música, sea hecha por mí o por otros, siempre resultará parecida. En cualquier caso, intentaré matizar lo que comentas punto por punto…

La portada del “Death of a Ladies’ Man” me ha obsesionado desde que soy adolescente. Me hace pensar en Grecia, en lo importante que es ser gentil y en lo que realmente significa librarse a las mujeres. Todo en Cohen me parece descomunal. Aun así, creo que hace mal prodigándose todavía por ahí. A su obra no le falta de nada, no admite más entradas. Sé que él justifica su retorno con una deuda millonaria, pero aun así creo que debería poner el freno con la música.

Connan Mockasin me parece un genio. El vídeo de “Forever Dolphin Love” me descuajeringó en cuanto salió, pero sólo comprendí lo alto que volaba este angelito cuando lo vi retorciendo su guitarra en el Primavera Sound.

Mi lagarta favorita es y será siempre Marc Almond. Su música me hace imaginar una Barcelona que conocí sólo parcialmente. Siempre recordaré el concierto que dio en el Apolo, justo después de su recuperación del accidente de moto en el que casi se nos va. Hasta entonces no había visto a nadie medir la distancia con el micro mejor que él.

Matt Elliott me ha sabido devorar con todos y cada uno de sus disfraces. Lo veo muy muy cercano. Siempre que se sienta y abre la boca se me aparece el retrato del Papa que pintó Bacon, y eso, amigo, no puede ser malo.

En cuanto a Yma Sumac, te confesaré que no soy ningún experto en su discografía, pero no he escuchado nada de ella que no me haya hecho pensar en lo mucho que nos queda por hacer en esto de la música. Últimamente me la pongo muchísimo.

A Gun Club los llevo muy adentro. Me los pongo siempre que quiero caminar por la cuerda floja, para bien o para mal. La voz de Jeffrey Lee Pierce es una cosa muy bestia. Consigue que cualquier canción, por mala que sea, suene exactamente como lo que tienes que escuchar en ese momento.

A Gallon Drunk los conocí por casualidad. Andaba yo un día mangando discos en el Virgin Megastore de Paris cuando el cocodrilo de la portada de “You, the Night and the Music” me lanzó un alarido desde la estantería de oportunidades. Le eché el guante al CD sin tener ni puta idea de quiénes eran, pero la mezcla jungla-ruido que vomitó mi equipo al llegar a casa me dejó anonadado. También me dio ideas para vestirme mejor.

De los Bad Seeds… ¿qué te voy a explicar que no sepas ya? Resumiré diciendo que en “From Her to Eternity” esta todo lo que me gusta en la música. Y punto.

De Toña la Negra poco puedo añadir. La escuché hace poco gracias a ti y de momento me emociona menos que La Lupe u Olga Guillot. Pero le daré más tientos, no te quepa la menor duda.

Todo mi periplo veracrucense se alimentó de estos nombres, por supuesto. Lo que pasa, y de eso se acuerda poca gente, es que yo me añadí a un grupo que ya estaba formado. Al principio me dejé llevar, y con mucho gusto, por lo que a ellos les gustaba. Tampoco era plan entrar como un elefante en una cacharrería.

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La noche en que lo tuvimos todo

Tu música siempre ha compartido tensión y golpes… A veces más sigilosos; otras más estrepitosos: ya desde Veracruz, Bèstia Ferida, Homenatges o el primer Don the Tiger… Todos comparten la cuchilla abierta y desenfundada, cierta idea de rasura en el cráneo, el aullido –presente o subyacente- en tu cara y la sensación de peligro bien latente… A veces parece como si la carretera tuviera que tener baches. ¿De dónde viene toda esta concepción de la música? ¿Qué te inquieta acerca de la misma?

Me alegra que mi música te destape esas sensaciones. Yo no pido menos a la mayoría de los músicos que me gustan.

Sobre este tema he estado pensando un huevo de veces, y la verdad, cada vez me resulta más difícil saber por qué todavía necesito cultivar este tipo de discontinuidad tan salvaje con la música. Me considero una persona abierta y afable, pero sí que es verdad que desde muy pequeño me ha interesado lo abrupto y la fealdad. O mejor dicho, siempre he creído que la fealdad no existía, que cualquier cosa podía llegar a ser bonita si se miraba desde el prisma adecuado. Con el tiempo me he dado cuenta de que sí hay cosas horribles, como la gente que es incapaz de amar o de pensar en los demás, pero ése es otro tema. En principio mis cinco sentidos se niegan a llamar “feo” a algo.

¿Qué sientes al escuchar tu disco?

Al escuchar mi disco suelo sentir más bien poco. Está todo tan pegado a mí que casi te diría que me aburre. Es como mirarse al espejo, vamos. Soy una persona que me canso bastante rápido de las cosas, lo que no deja de ser bastante jodido. Por ejemplo, últimamente estoy bastante hasta los huevos de la facha qué tengo. ¿Qué hago? ¿Me doy con un canto de mármol en los dientes? Hay días en que hasta me rajaría la cara si no fuera porque en el trabajo tendría un problema bien gordo. Y lo mismo me pasa con “Varadero”. Si tuviese que escucharlo una vez más, dios me libre, intentaría cambiarlo de nuevo. Le metería mano por debajo de la falda hasta que le cambiase esa expresión de gilipollas con la que ahora mismo lo recuerdo… De verdad, me mata todo lo que no tiene secretos para mí.

Siempre he creído en la distinción entre música abierta –la que está por encima de miras: Disco Inferno, This Heat, A.R. Kane o 23 Skidoo, por nombrar algunos- y música cerrada –la que se presta a convenciones de género-; me da la sensación que Varadero es un melón de música abierta, ¿lo ves así? ¿era tu intención?

Antes que nada, seré puntilloso con la terminología que utilizas… No sé si “intención” sería un concepto aplicable a mi forma de hacer música. Siempre he buscado en mí, en lo que escucho o en el azar, catalizadores que me lleven a fliparme y a seguir adelante. Nunca planeo un fin. Simplemente sé que las cosas que me activan son las que me llevarán a buen puerto. Nicholas Ray lo explica perfectamente en “I Was Interrupted”, un librito acojonante que te recomiendo. La verdad es que a él también deberías incluirlo en esa cosmología de la que hablabas antes.

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Nick: ¿Ties fuego? Jane: El que quieras

Siguiendo con tu pregunta, “Varadero” es un disco abierto porque yo mismo lo soy. En la vida se me ocurriría dejar de tocar o de grabar de una manera que a mí me gustase por pensar que mi tradición o estética van por otro lado. Soy impuro con ganas. Y cada vez más. Cuando era jovencito decía que no a muchísimas cosas. Y creo que eso me ayudó a formarme. Pero ahora me he pasado al “SI A TODO”. Realmente pienso que el Vale Tudo es el principal indicativo de que las personas maduran. Por supuesto eso no significa que sólo me gusten las fusiones irrepetibles. En absoluto. Hay muchísimos ejercicios de género que me parecen brillantes. Eso sí, a mí se me haría imposible tirar por ahí. Soy demasiado ansioso como para quedarme paradito en un solo lugar. Mi culo echa fuego con cualquier tipo de estímulo musical. Es un poco como cuando toco la guitarra rítmica, que no doy ni una. A la mínima de cambio se me va la cabeza a lo que podría probar e intento hacer arreglos o síncopas. No sabotear una línea fija es algo de lo que soy incapaz.

¿Consideras “Varadero” como un disco accesible? ¿Temes la incomprensión del público?

“Varadero” no es un disco accesible. Y no porque sea rarísimo, sino porque maneja elementos que normalmente no suelen estar en contacto y eso, o se tiene el oído un poco flexible, o puede parecer forzado, descuidado y hasta patoso.

La mayoría de nosotros, yo el primero, solemos escuchar música por moods, y un mood necesita tiempo y espacio para definirse. Es decir, identificas tu estado de ánimo y automáticamente te pones un tipo de música. Pero necesitas quedarte colgado un buen rato en el mismo sitio para que la cosa penetre bien. A veces puede ocurrir que estés escuchando a Carmel y que inmediatamente tengas ganas de ponerte a Hair Police, pero ya te digo que no es lo habitual… Obviando cualquier tipo de sensatez, mi disco es un poco como el amigo cojonero que parece que te mece en la hamaca pero que en un momento dado la atranca y te hace caer. Un campo de minas, vamos. Una cosa que me comentó una amiga sobre “Varadero” es que no podía hacer nada más mientras lo escuchaba. No me podían decir algo mejor.

Siguiendo con el tema, no sé si me pondría “Varadero” en casa si fuera otra persona, pero lo que sí me da la impresión es de que se trata de un artefacto de largo recorrido. Me gusta verlo como uno de aquellos discos “vómito”, tipo “Early Recordings Vol. 1” de Daniel Johnston, en los que el músico suelta el lastre de una época y se desentiende de cualquier tipo de coherencia superficial. Personalmente agradezco los discos así, porque al oyente le dan la posibilidad de llegar a la música desde diferentes ángulos y de hacerlo todo una experiencia más abierta. Me encanta la idea de estar un poco desenfocado, de entrar en agujeros que no se correspondan con mi contorno, porque así nadie se monta prejuicios estúpidos.

Al hilo de todo esto y viendo las cosas con la perspectiva clarificadora que nos aporta el tiempo… ¿Sientes que no se entendió el último disco de Veracruz?

Que yo recuerde, el último disco de Veracruz recibió muy buenas críticas en todos lados. Otra cosa es que alguien lo recuerde, que no creo. Es verdad que tenía muchos defectos. El principal, que cantábamos en inglés. Por si fuera poco, la música que hacíamos estaba muy ligada a una tradición guitarrera que ya entonces estaba bastante denostada. Imagínate ahora… En cualquier caso, te hablo muy de memoria. Hace la hostia que no escucho ese disco y no sé qué tal habrá envejecido.

Por otro lado, y esto me hace mucha gracia, a Veracruz se nos vilipendió también por razones extra musicales. Que si éramos unos chulos, que si la prensa estaba de nuestro lado, que si no sabíamos tocar, que si nos gustaba mucho el bebercio y la droga… Yo qué sé.

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“Gallina”, el verdadero hit de Veracruz. Por Magdalena Flemström

Dejando de lado todas esas chorradas, lo que sí tengo claro es que como con “Varadero”, el último disco que sacamos Veracruz requería un poco de apertura mental para ser bien digerido, y eso conlleva cierto trabajo, lo que seguramente propició que nos quedáramos tan colgados en tierra de nadie.

Me da la sensación que con Varadero has pretendido crear un disco atemporal pero, por otro lado, he encontrado en ocasiones un fuerte barniz electrónico que choca diametralmente con ciertas cosmologías más clásicas aportando líneas poco exploradas y que miran hacia nuevas destinaciones… ¿Tenías claro que todo ello era importante? Me parece algo muy interesante tanto a nivel de ideas como de concepto. Como compañeros de viaje me vienen, salvando las muchísimas diferencias de enfoque, el directo de James Blake o los mejores momentos de Vindicatrix pero con influencias no anglosajonas y una perspectiva más desacomplejada y abierta, casi al estilo de discos como el “The Mess we made” de Matt Elliott.

La mezcla de texturas que comentas me salió sola. Piensa que esa coexistencia no es nueva para mí. Si te paras a analizar mi producción “oficial”, podría decirse que mi background es bastante “clásico”. Fíjate que en todos los grupos en los que he estado, exceptuando Homenatges, me he dedicado principalmente a tocar la guitarra y cantar. De puertas adentro, en cambio, nunca he dejado de flirtear con la electrónica. Es lo que tengo más a mano en casa, y yo necesito estar haciendo música tenga cerca un local o no. Sí es verdad que últimamente he vuelto a ponerme al día en lo que se está haciendo en la electrónica, pero más que nada porque la música de guitarras que se está haciendo ahora mismo es en general un poco decadente. Y no, Berlin no tiene nada que ver con todo esto. Llevo dos años aquí y sólo he pisado un club una vez.

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Homenatges y la bomba atómica. Por Dani Cantó

 A los 18 tuve un brote electrónico igual o más acusado que el que estoy teniendo ahora, pero luego llegó el blues y me cambió los hábitos. Más tarde me pasé por el reggae, luego vino el jangle-pop, el soul… No sé, como para muchos, mi vida como oyente ha sido un ir y venir bastante obsesivo y muy poco lógico.

En cuanto a lo que comentas de Blake, me parece totalmente acertado. Me encantó verlo en directo delante de 20.000 hooligans cabreados porque el tío iba filtrando borbotones de silencio en sus cabezas. Fue un movimiento maestro, un reguero de metralla que quizás no se perciba tanto en sus discos. A Vindicatrix, en cambio, lo veo más errático. De Elliott sólo puedo decir cosas buenas. Como te he comentado antes, es una gran inspiración. Y más después de haberlo conocido y haber pasado con él grandes noches sin dormir hablando de South Park y de otras burradas que por el bien de nuestra higiene mental no voy a hacer públicas.

Mi primer contacto con Don the Tiger fue allá por 2006… Por aquel entonces, el proyecto estaba más enfocado hacia la disonancia y las bofetadas eran chirriantes, profundas y estremecedoras aunque más abruptas. Sin embargo, siempre había puentes tendidos hacia una idea de canción –sobre todo si lo comparamos con muchos otros artistas de la escena ruidista, más centrados en los pedales y la mesa de mezclas y en la pared de sonido- que me impulsaba hacia el Foetus más amorfo. Ahora, por contra, se ha girado la tortilla y diría que es justamente lo contrario: canción con puertas abiertas hacia la bofetada y con la disonancia entendida como una ventana de oportunidad, en lugar de ser un fin en sí mismo, y con su impacto más sigiloso y contenido, casi arrastrado, y con una presencia amenazadora eviternamente presente en el fondo… ¿Lo ves así? ¿cómo ha surgido todo este proceso? ¿Algún momento clave?

Primer punto. Foetus me parece un músico sobrevalorado, además de un poco capullo. Lo conocí porque Lydia Lunch me lo presentó en un concierto de Masada y la verdad es que me pareció un impresentable. Un tipo bajito con muchas ínfulas. En cierto sentido me recuerda a Devendra Banhart cuando salió. Alguien que no inventa o aporta nada, pero que sabe apropiarse de las mejores ideas del momento. Me comentan que ahora está encontrando su voz, pero su época a priori más atractiva es también la más impresentable.

El cambio de dirección que comentas me parece que es un hecho, sí, pero como todo lo bueno en esta vida, es fruto de un proceso del que apenas fui consciente. La historia no es demasiado original: me aburrí de ir a por la fisicidad de la música y me quedé con lo que sí me seguía emocionando de ella: las melodías, las palabras, el ritmo y los intersticios que hay entre ellos. Que conste que yo siempre he tenido en cuenta todos los vértices de la pirámide musical, pero hay algunos que se erosionan más rápido que otros. Y que no se me entienda mal, el ruido no es algo de lo que reniegue, pero ahora mismo prefiero utilizarlo como un instrumento más. Y quien dice ruido, dice silencio. El ruido continuo me da sueño, mientras que el silencio me hace estar mucho más alerta. Y sí, es verdad que todo el mundo necesita dormir, pero si por mí fuera, no lo haría nunca.

Apenas fui consciente del viraje que comentas, así que tampoco te sabría decir cuándo giré los 180º o si realmente fueron 32º y luego 148º. Lo que sí creo que me influyó a la hora de salir disparado fue mi entorno. Realmente, hubo muchas veces en los que estuve metido en conciertos o festivales en los que me aburría soberanamente viendo a gente tirada por el suelo, haciendo yuxtaposiciones de uno más uno, girando roscas como si éstas tuvieran una inercia descomunal, supurando testosterona, etc. Muchos sabréis de lo que hablo. Lo primero que pensaba cuando presenciaba ese tipo de mierda era en lo mucho que me emocionaban ciertas canciones melódicas. Mi cabeza me decía: “lo que te estás perdiendo por estar aquí”. De todas maneras, sé que si hubiese estado en el contexto inverso me hubiera pasado lo mismo: “ah, ¡cómo me emocionan la guitarra de Mark Morgan y las cintas de Aaron Dilloway!”. Lo importante aquí es que yo puedo elegir, mientras que otros, no. Todo esto es un poco como lo que siempre pasa cuando me mudo de ciudad: me encanta sentirme extranjero. En Barcelona siempre dije que era de Coruña, y en Coruña, de Barcelona. El asunto es así de idiota.

¿En qué contexto fue compuesto el álbum? Recuerdo que estuviste mucho tiempo dando forma a unas canciones que al ser presentadas en sociedad allá por 2011 revelaban una visión mucho más ambiciosa que trabajos previos.

Más que compuesto, diría que el álbum fue impuesto. Es decir, a mí Canada me ofrecieron sacarlo en buenas condiciones, por lo que me dije a mí mismo: “vamos a aprovecharlo”. Entonces me impuse parar y ver qué tenía por allí. Probando mucho, eso sí, pero sin necesidad de hacer tabula rasa de ningún tipo.

Mi producción musical nunca se ha definido por lo que se me pide, sino por lo que me da la gana en cada momento. Y eso es una suerte que igual cambia, pero con la que siempre he estado cómodo. Llevo grabando todo tipo de mierda por oleadas desde los 15 años, por lo que cuando Canada me hizo la propuesta tenía un amplio arsenal de recursos de los que partir. Los contextos que influyeron a la hora de conformar el material de base fueron muchos y muy variados: piensa en el arco que va desde la inocencia y la curiosidad exacerbada hasta el descreimiento total, el vacío por las drogas, el miedo a palmarla, etc.

Lo que sí tengo claro es que si mi música sigue abriéndome puertas, tendré que componer incluso cuando no me apetezca. Y eso a la larga puede llegar a ser problemático (nada me acojona más que perder la ilusión), pero aun así creo que no es momento para pensar en esas cosas. Me gustaría mantener un flujo productivo medianamente decente, o al menos similar al que tenía antes de hacer el disco, cosa bastante improbable dada la cantidad de aberraciones que tiene que hacer uno para promocionarse en serio. En cualquier caso, creo que vale la pena arriesgar e intentar mantener un equilibrio con este tema.

¿Fue muy intuitivo el proceso de composición o lo tenías todo muy definido? ¿Hasta qué punto ha sido importante el error o la aleatoriedad?

De composición ha habido poco. Vamos, me parece que hace 200 años del último día en que cogí mi guitarra y me puse a pensar: “¿qué podría sonar bien después de este acorde?”.

Como ya he comentado antes, para hacer “Varadero” primero me di unos garbeos por mis cintas, folios y discos duros, y empecé a ver cuáles de todos los bocetos que tenía almacenados desde los 15 todavía reverberaban en mi cabeza. No importaba si se trataba de puras texturas, de ritmos hechos con la boca o de progresiones de acordes sin rumbo escritas en mis apuntes de la universidad. A partir del gigantesco baúl de ideas inconclusas que aún coceaban en mi memoria armé un esqueleto al que luego sólo tuve que añadir tendones, músculo, órganos y sangre… Y poco más te puedo decir… Me ponía las bases una y otra vez, las juntaba por sensaciones parecidas y luego intentaba hacer una sola pasada grabando las voces que me venían a la cabeza. No sé por qué me ocurre, pero cuando me pongo música por primera vez o después de mucho tiempo siempre se me aparecen en primer plano voces haciendo harmonías, ritmos a la contra, arreglos… Cosas así. Finalmente sólo faltaba quedarse con lo bueno de esta pasada “en fresco” y hacer un poco de poda. Ése fue más o menos el método general.

Quizás quieras saber cómo salieron los esquemas primigenios, pero te diré que ahí lo único que contó fue la intuición. Hay mucho trucos que me funcionan para sacar ideas, pero el más importante creo que es tener una grabadora cerca. Otros son ir tocando aleatoriamente mientras piensas en otra cosa y de repente dirigir el oído al instrumento, o imaginar un ritmo por la forma en que se mueve la persona que camina delante de ti en la calle… Historias de ese tipo. También hay métodos que aceran la intuición, como plantarse delante del espejo del lavabo y mirarte a la cara mientras sacas acordes con la guitarra y cantas. Sonará narcisista, pero eso me ha dado alguna de las mejores pistas para mis canciones. Por último, creo que los años de improvisación en Bèstia Ferida o con Homenatges han contribuido a que mi instinto musical sea cada vez más fiable.

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Con Víctor Nubla antes del concierto de Massa Aus Ferides. Por José Colón

Cuéntanos acerca del proceso de grabación… ¿Ha sido enriquecedor? Me consta que hubo varios problemas en el mismo.

Si sabes, por qué preguntas, ¿eh? Es coña. Más que el proceso de grabación, lo que tuvo chicha en este caso fue el proceso de mezcla. Aprendí mucho de Logic y de Pro Tools mirando cómo trabajaban Valerio Tricoli y Mauro Martinuz, que fueron los que más me ayudaron en ese proceso. La verdad es que gracias a todas esas horas juntos entendí un poco mejor todo lo que era la teoría del sonido, de la que alguna noción tenía por haberme chupado la carrera de ingeniería industrial. Pero cuando más aprendí fue en casa, solo, intentando corregir lo que ellos dos hacían.

A Valerio lo escogí porque me parece el mejor músico experimental que hay ahora mismo en Berlin. Mauro me vino dado, puesto que él era el quien tenía el estudio. Mauro siempre fue neutral y comprensivo, mientras que Valerio solía irse por los cerros de Úbeda, o se centraba en cosas que para mí no tenían importancia. A veces se agobiaba porque yo utilizaba muchas pistas para definir una simple textura… Piensa que Valerio tiende a trabajar con el mínimo número de fuentes de sonido posible, por lo que es normal que organizar un proyecto con 33 voces, 13 percusiones, 2 subgraves, 8 arreglos de feedback y 4 pianos le pareciera desquiciante… Con “Los cuencos de la Mar Salada” se atascó especialmente. Incluso llegó a plantearme no incluirla en el disco. Me decía que no pegaba con el resto de canciones. Que era demasiado ñoña. En cualquier caso, él proviene de la electroacústica más estricta, y contar con su ayuda fue un poco un arma de doble filo. Aun así, los dos me dedicaron más horas de las que podría haber imaginado, y eso es de agradecer.

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Tricoli midiendo el espacio con su pie de rey

 A lo que iba. Cuando llegaba a casa y escuchaba las mezclas que habían hecho los italianos pensaba en todo lo que no me gustaba y me las arreglaba a base de ver tutoriales y preguntar a gente que sabe (Pablo Díaz-Reixa, por ejemplo, o Sam de L’Ull Cec) para cambiarlo. Luego llegaba al estudio de Mauro, les enseñaba mi nueva mezcla y ellos entendían un poco mejor hacia dónde tenían que tirar. Al final de todo el proceso le puse todo el material que tenía a Danny O’Really, que fue quien me masterizó el disco, y me dijo que mis mezclas tenían, en general, muchísima más gracia que las que habían hecho ellos. Eran más sucias y menos profesionales, pero iban más al grano. Me dijo una cosa que me pareció muy reveladora: “una buena mezcla es la que a ti te gusta”. Parecerá una obviedad, pero esa frase me ayudó muchísimo. Al final nos quedamos sólo con un par de las mezclas que hicieron los italianos. El resto las acabé de matizar en casa o con la ayuda de Danny, quien además me propuso utilizar equipo analógico en algunas canciones.

Finalmente, uno de tus discos opta de forma clara por el castellano, ¿Lo veías como un paso necesario? ¿Qué crees que le aporta al disco?

Mi lucha con este tema viene de largo… Como ya te dije antes, en el último disco de Veracruz ya me empezaba a molestar bastante el hecho de tener que cantar en inglés. Para aquel disco hice primero las letras en inglés, que era lo que al resto del grupo le sonaba bien, y luego escribí una versión, para mi gusto mucho mejor, en castellano. Recuerdo que antes de grabar el disco tocamos en Be Cool y, sin avisar a nadie, canté todo el repertorio con las letras que tenía en castellano. Les sonó tan agresivo y malhablado que me obligaron a olvidarme de la idea grabar en ese idioma. 

Lo de cantar en inglés creo que es una fase que hay gente que acaba de quemar y otra que no. Te sale ese idioma porque el 80% de lo que has escuchado, al menos en mi caso, está cantado así. Pero creo que es natural que pase eso. También ocurre con la manera de tocar. Durante muchos años te pasas apoyándote en lo que has escuchado, aunque tú no lo quieras. Intentas puntear y acabas tirando líneas como los Monochrome Set, aprietas el tremolo y acabas metido en una turbina como Jimi Hendrix, pisas la distorsión y de repente sólo te salen gargajos a lo Keiji Haino… En fin, que uno tarda en dejar de mimetizar, por mucho que se crea que no lo hace. Lo interesante son los grupos que no pasan por la época de cantar en inglés o que la tienen muy corta. Me pregunto si es que realmente les ha gustado la música anglosajona alguna vez o si es que realmente son mentes preclaras.

¿Qué si me parece un paso necesario cantar en castellano? Hombre, si uno tiene un castellano más o menos curtido, no está nada mal dejar de lado el inglés. La ventaja de cantar en inglés es que es un idioma más abstracto y abierto que el castellano, lo que da pie a que un mal letrista suene mejor. O mejor dicho, a que los oyentes tengamos más posibilidades de rellenar los huecos como nos dé la gana. De ahí que el castellano a veces parezca demasiado directo, íntimo o hasta cursi. En mi caso diría que cantar en mi lengua materna me ha servido para que la gente entienda un poco mejor el conjunto de lo que hago. En los directos todo tiene más sentido ahora, aunque no tanto como yo querría… Pero ya te digo, cantar y que no te entienda ni cristo, que es lo que solía pasar con Veracruz, puede llegar a ser una sensación bastante especial… Algo parecido a patearse con una multitud. O a intentar que una pared se mueva a base de mirarla. Sea como sea, como letrista en castellano me falta muchísimo que aprender de gente que sí que domina el arte, como Dani Llamaradas, Vicente Leone, David Rodríguez, Artur Estrada, Xesc Cabot o Jose Guerrero. Lo mío, de momento, sigue siendo más la música.

Acerca de los remixes con los que has ido ofreciendo pequeños montaditos del disco… ¿Piensas que tus temas están abiertos a nuevas interpretaciones? ¿En qué has pensado al realizarlos?

¿Hay alguna canción que no esté abierta a nuevas interpretaciones? Lo dudo. Lo que sí es verdad es que el 85% de los sonidos que utilizo en “Varadero” no proviene de instrumentos reales, si no de librerías que sonidos que he hecho a partir de acoples, golpes y voces, por lo que supongo que habría que ser muy abstracto para hacer una reinterpretación. De todas maneras, melódicamente las canciones tienen líneas bastante claras, por lo que atacarlas por ese lado sí creo que sería bastante fácil.

Una de las gracias de los remixes que hice para empezar a promocionar “Varadero” era que utilizaba elementos provenientes de varias canciones del disco a la vez. Un bombo de aquí, un resoplido de allá, una caja que se repite varias veces a lo largo del disco… Similar a lo que hacían Public Enemy, vamos. Al hacer esos teasers intenté poner en práctica los trucos de mezcla que había aprendido y que no había utilizado en el disco. En este sentido fueron claves los tutoriales de Dave Pensado que me recomendó Pablo “Guincho”.

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Pensado ríe en su cueva

Lo verdaderamente curioso de aquellos remixes que hice fue utilizarlos como teasers cuando en realidad eran posibilidades que no se habían aprovechado en el disco. Un poco como mostrar lo que pudo ser y no fue, justo lo contrario de lo que suele hacerse en una promoción, en la que poco a poco van desvelando cosas de la supuesta maravilla que se ha cerrado antes. En este caso los teasers sonaban mil veces mejor que el disco. ¿Una contradicción? Puede ser, pero es lo que me pedía el cuerpo.

Dada tu condición de melómano empedernido, ¿qué tuviste en cuenta a la hora de realizar el disco? ¿Buscabas alguna producción en especial?

Casi toda las canciones que valen la pena pivotan alrededor de una idea que les da carácter. Muchas veces esa idea se concentra en detalles formales que son fáciles de aislar si se tiene un oído medianamente ágil o se conocen bien los entresijos de hacer música. Pues bien, yo lo que he querido con “Varadero” es un poco replicar alguno de los detalles que más me han impresionado en mis años como oyente. O mejor dicho: replicar la sensación de amplitud creativa que algunos de estos destellos me han dado. Te hablo, por ejemplo, de trucos como los jadeos a destiempo de “Working and Shopping” de Tools You Can Trust, de los cambios bruscos de canal en “Armagedon” de Akauzazte, del transitar cíclico y solapado de saxo y trompeta en “Love Cry” de Albert Ayler o de la manera con la que Lenny Kaye empasta sus harmónicos de guitarra con el bajo y el piano en “Elegie” de Patti Smith. Me podría estar 23 días dándote ejemplos. ¿Qué cómo se replica la fuerza de esos hallazgos? Pues no siendo literal. Lo bueno de todas estas posibilidades es que son lo suficientemente abstractas como para que cada uno las haga suyas. La gracia no es apoderarse del gesto en sí, si no de la osadía que lleva a hacerlo. Por supuesto, también me fijé en trucos de música mucho más reciente. Piensa que lo que se hace ahora se apoya mucho más que antes en experimentos de producción, por lo que tampoco me faltaron referencias de los dos o tres últimos años para ir sacando ideas.

En cuanto a tipo de sonido, quería que “Varadero” fuese un poco como un arsenal de hostias que te cae sin esperártelo. Descolocante y deslocalizado. Valerio hablaba de crear un sonido “escultural”. Dinámicas acentuadas, panorámicas bien abiertas, trompe l’oreille a destajo y sobre todo una mezcla anti jerárquica en la que convivan barroquismo y minimalismo, texturas sucias con texturas pulidas, pistas secas con pistas ultra tratadas, etc. En casi todo lo que hago tiendo a incluir elementos normalmente considerados antagónicos. Pero eso no es algo que fuerce. Si eso ocurre es porque me parece aburridísimo y limitado pensar que si se pasa A, no se podrá pasar por B. Soy absolutamente contrario a todo tipo de inferencia excluyente.

¿Ha influido la mudanza a Berlín en el disco? Conociendo tu fascinación por todos esos personajes… ¿Viste allí todos esos fantasmas que se plasmaron en las grabaciones de los Bad Seeds/Die Haut/Neubauten et al. allá por los lejanos 80? Recuerdo que algunas de las canciones ya las tocabas antes de marchar hacia Berlín…

Todas las canciones del disco las hice antes de venirme a Berlin. Estar aquí no me ha influido en casi nada, aparte de tener más tiempo para trabajar las canciones. Fantasmas como los que citas los vi los primeros días, pero al cabo de dos semanas se diluyeron. La vida en esta ciudad transita ahora mismo por derroteros bien distintos. Si gente como tú o como yo somos capaces de seguir percibiendo el espíritu libertario/industrioso/hedonista al que te refieres, es sólo por pura obsesión. Y porque nos encanta quedarnos un rato colgados en la superficie de las cosas.

¿Has establecido lazos con músicos berlineses? ¿Te sientes cómodo por allí?

Con muy pocos. En general me parece más excitante lo que se hace en España. Aquí hay un extraño apego por todo lo experimental, el ruido gratuito, la performance anticuada y el ingenio, por lo que muchas veces uno acaba tragándose bodrios de primerísima categoría. Sólo he visto tres conciertos de residentes en Berlin que me hayan impresionado realmente: el de Valerio Tricoli en NK, el de Krapoola en Madame Claude y el de Navnlaust Mønster Opptog en West Germany. Curioso, porque hablamos de un italiano, un noruego y dos españoles. Los alemanes me parece a mí que lo tienen muy difícil para hacer algo bueno que no sea electrónica más o menos sofisticada. Y sé que estoy generalizando, pero en todo este tiempo no he sido capaz de dar con ninguna propuesta autóctona que realmente me interese. Otra cosa que me sorprende es lo difícil que es encontrar raíces locales en la música alemana, algo que por el contrario en España ocurre más a menudo.

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Cubriendo de carteles Oranienstrasse con Krapoola. Por Borxa Vilas

La verdad es que me siento cómodo trabajando aquí, pero no tanto tocando. Espero equivocarme, pero mucho me da que mis canciones poco futuro tienen por estos lares. Lo que se lleva en Berlin es bastante extremo: o excesivamente serio o muy tontorrón. Otro hándicap importante es el de cantar en castellano, aunque ahora mismo sea la lengua de moda en Alemania. De todas maneras, sí es verdad que aquí he tenido la oportunidad de tocar delante de gente de todo pelaje que no me conocía de nada, y eso lo prefiero a tocar ante las siete caras complacientes de siempre. 

¿Quién colabora en el disco?

Alex Reynolds de Tu Madre ha tocado el piano y ha hecho coros. Mark Cunningham, la trompeta. Aleix, Borja y Cacho de Extraperlo han hecho coros. Aleix también me ha grabado las voces. A Arnau Sala le he robado algún golpe de batería de las sesiones de grabación del segundo disco de Bèstia Ferida. Valerio Tricoli, Mauro Martinuz y Danny O’Really han ayudado en las mezclas. Danny, además, a hecho el master.

¿Hasta que punto ha sido importante el uso del sampler en la creación del disco?

Al sampler lo he dejado durmiendo en su funda mientras me peleaba con el disco. Sí que ha sido importante tenerlo cerca de cara a trasladar estas canciones al directo, pero poco más. Otra cosa es que haya seguido la lógica del sampler a la hora de trabajar en Pro Tools con muestras que tenía guardadas de antes… Visto así, sí. En cualquier caso, el sampler no es un instrumento que me afine la creatividad especialmente. Y menos ahora que mis ideas las trabajo en casa delante de un ordenador y no en un local de ensayo. Piensa que con un Roland S404 SX, el sampler que yo tengo, no puedes secuenciar, y eso limita drásticamente las aplicaciones que le puedo dar. Básicamente hablamos de un pad con sonidos que grabas tú y ya está. La edición en Pro Tools, en cambio, sí que me parece un elemento capital para lo que hago. Pro Tools y un micro. Sólo con esos dos elementos yo ya sería feliz toda mi vida.

¿Cuáles son tus planes para el futuro? Tanto como Don the Tiger como fuera del mismo en Bèstia Ferida o Capitán.

Con Don the Tiger lo único que quiero es tocar y tocar. Me gustaría muchísimo pasarme una temporada en Latinoamérica dando conciertos. Tengo canciones nuevas que apuntan en otras direcciones, pero que dudo que retome hasta dentro de unos meses. No te puedes imaginar el trabajo que me está dando adaptar mi repertorio al formato directo… Ugh! Vaciar y llenar samplers y pads de Roland puede llegar a ser algo infernal. Entre eso y la promoción, poco espacio me queda en la cabeza para trabajar en nuevas canciones.

Con Bèstia Ferida tenemos un segundo disco en la recámara, pero tendríamos que tener los tres tiempo para trabajar en él, y eso por ahora no es posible. Arnau está liadísimo dándole vida a Anòmia y Mark está preparando un disco en solitario.

Capitán realmente no sé en qué punto está. Cacho siempre me dice que la cosa va para adelante, pero yo no me creo nada. Grabamos un disco hace ¿dos años? y todavía no sé ni cuál será la portada definitiva… En fin, mucho me temo que Cacho seguirá ocupado con Extraperlo durante algunos mesecitos más.

Lo que sí estoy dispuesto a hacer ahora mismo son pequeños encargos para otros, remezclas, meter mi guitarra en algún sitio… Con Robert Forster de los Go-Betweens estuve tocando hace poco, y Carla Bozulich me ha pedido que forme parte de sus Bloody Claws para la gira que hará este invierno por España y Portugal. También me encantaría poder ayudar a grupos que comienzan que me gustan a sacar su música adelante, ya sea dándoles pistas con la grabación, la mezcla o simplemente poniendo la oreja… No soy ningún productor profesional, pero sí creo que puedo ser de ayuda a la hora de trabajar con ideas más o menos arriesgadas.

¿Presentarás las canciones en solitario tal y como venías haciendo hasta ahora?

Ahora mismo estoy tocando con Alex*, a la que precisamente el disco va dedicado. Los dos vivimos en Berlin, así que la cosa surgió naturalmente. Ella quería aprender a tocar la batería y yo necesitaba a alguien que me acompañase y que entendiera perfectamente lo que quería. Ella me conoce mejor que nadie, así que no dudé un segundo en planteárselo. El asunto gana bastantes enteros con ella como puntal rítmico. Y cuando digo puntal es puntal: Alex toca todos los bajos y las percusiones a la vez. Un rompecabezas de padre y muy señor mío… Supongo que me tocará defender estas canciones en solitario alguna vez más, pero la verdad es que el formato dúo me permite ser más instintivo, y eso para mí es fundamental. No es nada fácil cantar y tocar si a la vez tienes que controlar cinco aparatos a la vez. Y más cuando el entramado instrumental es tan discontinuo como el que manejo.

alex cantando

Alex Reynolds tras su arsenal de cuchillos y herrajes

¿Ves “Varadero” como la consumación de todo un camino? O lo consideras únicamente como un comienzo hacia algo más?

“Varadero” no es ningún cabo. Simplemente es una foto de buena calidad. Antes había hecho otras, pero ninguna con tanta definición, ni con tanta experiencia acumulada. Habrá más, claro. Y espero que el granulado siempre lo pueda calibrar a mi antojo.

¿A qué artistas te sientes más cercano?… A pesar de ser un músico reconocido y con presencia en medios oficialistas, siempre has mantenido lazos con eventos/artistas/sectores excluidos de la palestra pública, ensuciándote y mojándote fuera de las luces y los circuitos establecidos, algo que es ciertamente difícil de encontrar en los músicos cuando su música empieza a tener más resonancia pública. Por poner un ejemplo, bien se te podía ver tocando en el Primavera Sound o en el Sónar como en una okupa o en un tugurio en las afueras. Teniendo en cuenta esa multiplicidad de canales y conexiones… ¿Ves ese amplio espectro como algo enriquecedor? ¿Te ayuda? ¿Encuentras la música subterránea y sus canales como algo más inspirador, puro o libre de corsés? 

Musicalmente me siento cercano a lo que hace Flamaradas, aunque él se toma todo esto de una manera muy distinta a la mía, y es mil veces mejor letrista. Luego también veo algún parecido con Sajjra, el grupo de mi amigo Chrs Galarreta, un chico de Perú al que conocí en Berlin a través de Krapoola.

Lo de meterme en todos los saraos posibles no lo puedo evitar. Me chifla ensuciarme, pervertirme, prostituirme, si quieres… No tengo ningún problema con ello. Todo esto me permite ser testigo de cosas que muchos no verán en su vida. Y no sólo hablo de música. Es increíble la de puntos de vista que hay por ahí sueltos y que no han sido aprovechados jamás. Si lo piensas es tan fácil como meterte en el metro, tirarte al suelo y cruzar el vagón nadando a braza.

*Don The Tiger ya no toca acompañado de Alex Reynolds. La entrevista se llevó a cabo cuando los directos todavía los hacían juntos.

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DON THE TIGER + KRAPOOLA (TOUR 2013)

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DON THE TIGER + KRAPOOLA

Gira septiembre 2013

Septiembre 04 – Ourense @ Café Auriense
Septiembre 05 – Pontevedra @ Liceo Mutante
Septiembre 06 – Bueu @ Bar Labranza
Septiembre 07 – O Grove @ Twist&Shout
Septiembre 10 – Coruña @ A Casa Tomada + PROBLEMAS
Septiembre 11 – Valadares @ AACCGaliza
Septiembre 13 – Barcelos @ Associação Cultural Zoom
Septiembre 15 – Madrid @ El Planeta de los Wattios 

Gracias a:

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AFTER THE CRISIS

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Saturday, November 3, 2012

// Time: 20h

// Raum für Projektion @ General Public, Schönhauser Allee 167c, 10435 Berlin

Our dearest friends Graw Böckler invited Krapoola and I to play our music after the projections…

THE FESTIVAL

THE NIGHT

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SAYAT NOVA

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Tuesday 28th August 21:00 @ Panke (Gerichtstr. 23. U/S-Bahn: Wedding)

New Soundtrack by: Krapoola, Sajjra & Don The Tiger.

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A night to remember

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“Self Titled” (Ozonokids, 2006) Arnau Sala + Adrián de Alfonso

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This album was recorded during a live set in Radio Contrabanda, at the Radio Show “25 Hombres” in july 2009. It was recorded by Roger (1 Hombre) but it was selected and edited by Arnau Sala and put together as a C10.

Only 19 copies were made and the artwork for each tape and jacket was handmade and different. Released on Ozonokids, they didn’t last too long so not many people knows about it.

This recording has been transfered directly from the cassette tape and unmastered or processed after that. Each side was kept as a whole track in order to capture the ambience you’d have while listening to the tape itself.

If you purchase any of these tracks, the money will go to both me and Arnau.

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Concert during the Record Store Day in Barcelona

Saturday 21 April 2012

Vactor
Don The Tiger
Duot
+ Dj Borja Rosal 

From 16:30 @ Discos Juandó  (C\ Giralt el Pelliser 2-B – <M> Urquinaona/Jaume 1)
FREE ENTRANCE / GRATIS

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